Corría el año 1993. Checoslovaquia acababa de dividirse y Bill Clinton tomaba el cargo de presidente de los EE.UU. Eran los 90, el príncipe de Bel-Air llevaba apenas 3 años de emisión, y Los Simpson aún tenían un dibujo un tanto poco definido.
Y yo entré a primero de primaria. Se acabó la época de darme la gran vida en preescolar, de aprender a atarme los cordones yo sola y a usar un punzón (¿un punzón a preescolares? Qué tiempos, los 90). Por fin iba a aprender cosas que me serían útiles en la vida, como por ejemplo a leer.
Pero ah, el destino tenía preparados crueles planes para mi. Mientras la profesora se empeñaba en explicarnos que la m con la a es ma, yo trataba de ver qué ponía en la pizarra. Contando conque a la tierna edad de 5 años y tenía dos dioptrías, es un milagro que esteis leyendo esto ahora mismo.
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| Mis primeras gafas eran así, y sobreviví al colegio |
Y desde entonces, he descendido en una espiral de perder vista que me han llevado hasta el día de hoy, donde la última visita al oftalmólogo ha revelado que tengo -10,5 dioptrías sólo de miopía, y espero la oportunidad de operarme la vista. De eso voy a hablar en este blog.

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