jueves, 16 de enero de 2014

Los inicios

Corría el año 1993. Checoslovaquia acababa de dividirse y Bill Clinton tomaba el cargo de presidente de los EE.UU. Eran los 90, el príncipe de Bel-Air llevaba apenas 3 años de emisión, y Los Simpson aún tenían un dibujo un tanto poco definido.
Y yo entré a primero de primaria. Se acabó la época de darme la gran vida en preescolar, de aprender a atarme los cordones yo sola y a usar un punzón (¿un punzón a preescolares? Qué tiempos, los 90). Por fin iba a aprender cosas que me serían útiles en la vida, como por ejemplo a leer.

Pero ah, el destino tenía preparados crueles planes para mi. Mientras la profesora se empeñaba en explicarnos que la m con la a es ma, yo trataba de ver qué ponía en la pizarra. Contando conque a la tierna edad de 5 años y tenía dos dioptrías, es un milagro que esteis leyendo esto ahora mismo.
Mis primeras gafas eran así, y sobreviví al colegio
Total, que una rápida visita al oculista y en dos días tenía listas mis primeras gafas. Eran de pasta, ¡cómo no!, redondas y llenas de colorines. Y estamos hablando de hace veinte años, lo que significa que yo era la única en mi clase con gafas. ¡Ah, la infancia, qué tiempo tan feliz! ¡Menos mal que estaba Manolito Gafotas para comprenderme!


Y desde entonces, he descendido en una espiral de perder vista que me han llevado hasta el día de hoy, donde la última visita al oftalmólogo ha revelado que tengo -10,5 dioptrías sólo de miopía, y espero la oportunidad de operarme la vista. De eso voy a hablar en este blog.

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